
Últimamente, a mis amigos les gusta el repentismo. Así, de repente, anoche, cuando cenaba en un restaurante japonés, sonó mi móvil: era Hipólito Navarro quien, entre los gritos del restauran, me decía "estoy en Madrid, subiendo por Gran Vía, ¿nos vemos? ¿cómo hago para llegar?" Nos encontramos, pues, como corresponde, bajo el Oso y el Madroño, y en un bar, entre muchas otras cosas (Poli y yo solemos tener una conversación en catarata), me contó que está volviendo a escribir. ¿Cómo es eso? Y sí, me dijo, con la crisis salen menos "bolos" y empiezo a tener más tiempo libre. Los que admiramos a Poli como cuentista ya estábamos acostumbrados a su "preferiría no hacerlo", tan de Bartleby, pero a la vez descorazonador. Y pienso que no todo es malo en las crisis, tal vez esta obligada quietud ocasionada por el recorte de presupuestos nos regale, a los que nos dedicamos a este "oficio", ese don tan preciado como necesario: el tiempo.