
Dice el refrán que la letra, con sangre, entra. Esto es bien cierto en el caso de la escritora Anne Perry (Inglaterra, 1938), que abrirá en Pamplona el Encuentro Internacional de Escritoras organizado por IPES Elkartea. Debo a Anne Perry, y a sus novelas de crímenes, horas de diversión y olvido de mis propios problemas. De hecho, unas navidades abandoné su lectura después de comprender que, como una adicta, me había metido en vena en una semana más de mil páginas de sus obras. Voy a tener la posibilidad de conocerla en Pamplona, ya que participaré en el encuentro, y me pregunto cómo será esta dama del crimen, acusada ella misma como criminal. Aunque ella lo desee, es difícil olvidar que Anne Perry, junto con su amiga Pauline Parker, asesinó a la madre de la segunda porque quería separarlas. Eran dos adolescentes y pasaron unos años en la cárcel. Sin duda estas circunstancias arraigaron en sus textos, y también en uno de sus personajes, William Monk, cuya característica principal es la de padecer amnesia. Y me pregunto: ¿hay que olvidar el pasado cuando se escribe, o conviene mojar en la propia sangre -o en la ajena- la pluma de la experiencia?
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