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1.3.12

De nuestra cocina: Chus Álvarez publicada en "Cuentos para el andén"


Tránsito

Chus Álvarez



Yo también he visto la Estación, el milagro imposible. La primera vez quizás tenía ocho años, ahora debo haberla encontrado más de treinta veces... alguna vez he planeado escribir un diario meticuloso de mis avistamientos, como los observadores de pájaros, pero ¿Con qué objeto? Soy viajante de comercio; a lo largo de los años he dado con la Estación bajo los cimientos de muchos lugares. Siempre es igual: viajas en un túnel con las paredes a la distancia de un brazo; a veces son ladrillos desconchados, a veces azulejos ennegrecidos. Se hacen a un lado y ahí está el andén de mármol, largo como una plaza o un anfiteatro. Al fondo, trepando en escalonada, las bocacalles con su embaldosado de ajedrez, las cúpulas y las fachadas de piedra, ligeras y trabajadas como rizos de espuma. La vista intenta enfocar a través de la sombra, diluida en las luces del convoy (pese que algunos aseguran haber intuido el brillo de lámparas a lo lejos, jamás he encontrado a nadie que la hubiera disfrutado iluminada). Durante unos pocos segundos la ves pasar, reconociendo un detalle aquí y allá (la puerta claveteada, la fuente sin agua, el final de una calleja). Y luego todo pasa y cesa, vuelves a la interminable monotonía de la pared y el túnel.

Claro que hay más que ven la Estación. Algunos mienten si les preguntas, pero la mayoría están deseosos de hablar con un compañero en el secreto. Y no es difícil reconocerse: de pie ante las ventanillas, fijos los ojos en la oscuridad con obstinado amor, esperando que ella decida mostrarse. Mira en cualquier vagón y quizás nos encuentres. Hay de todo en esta hermandad o cofradía nuestra; no puede ser de otra forma, ya que solo nos une la casualidad que guió un día nuestra mirada, en el instante justo. (Algunos de nosotros opinan que esto no es cierto, que ella escoge a quien mostrarse; en ese caso las fuerzas que mueven esa elección me son tan ininteligibles como el propio azar) El tiempo y la costumbre han establecido algunos lugares de cita: Bajo los paneles del Grand Central de Nueva York, he hablado con mendigos que llevaban años viajando por los túneles. Me he emborrachado en Madrid, en una vinatería cercana a Tirso, mientras un cura genovés y un teólogo austriaco disputaban sobre la naturaleza de la Estación (uno afirmaba que era la puerta del infierno; el otro que era el reflejo, o quizás la sombra, de la primera Ciudad de Dios). No hay entre nosotros jerarquías ni rangos, pero sí existe un rasgo que marca nuestra veteranía: el momento en que verla pasar no es suficiente; cuando comienza a quemarnos el deseo de alcanzarla. Por supuesto algunos han muerto arrollados en el intento; sus fracasos acaban archivados como suicidios o accidentes. Hay historias de buscadores que han logrado saltar en marcha hasta el andén de mármol, desapareciendo para siempre. No hay noticias de nadie que haya regresado. Frente a las rejas de entrada de Ecseri Út, una anciana húngara me contó que en tiempos de su abuelo existió un conductor, que afirmaba estar dispuesto a parar su tren en la Estación si ella se le mostraba una vez más. Según la anciana el conductor, tren y pasajeros al completo desaparecieron un día. Si digo la verdad, no doy demasiado crédito a esa historia. Hace tiempo que he renunciado a explicar la Estación: como una sirena cantando en la roca, basta su presencia para teñir mis días de maravilla. Y sé que mis preguntas recibirán pronto respuesta. Cuando pise al fin su solitario andén y mis pasos me lleven a través del ajedrezado, más allá de la calleja y la fuente de piedra eternamente seca.􏰀


Chus Alvarez es friki. También informática, y por supuesto escritora. Pero sobre todo friki. http://www.erebo.es

4 comentarios:

Nuria Sierra dijo...

Qué grande Chus!! Orgullosa de compartir la tarde de los martes con tanto talento. Persevera!!

Mariana Grekoff dijo...

Es verdad, es un orgullo!
Además, tengo debilidad por tus cuentos!
un abrazo, eres graaandeee!

Blanca Fernandez dijo...

Estoy con las chicas. Todo un privilegio deleitarnos con tus cuentos. Amaizing. Besazos

Álvaro Belderrain dijo...

¡Muy bueno!

Me trae recuerdos de esos viajes en metro cuando yo era pequeño, línea 1, y veía a lo lejos esa misteriosa y escondida estación de Chamberí, donde ahora han hecho un museo…