Páginas

18.12.09

Contra la frivolidad


Debate con Javier Saez de Ibarra

"Creo que la frivolidad hace daño al cuento porque lo convierte en un pasatiempo, en algo dominical y servil. No; yo creo que el cuento es ruptura, sinrazón, molestia, sacudida, daño, arrastre, potencia".

La semana pasada estuvo con nosotros el escritor Javier Saez de Ibarra. Debido al interés que despertó su charla y a la falta de tiempo para profundizar en el debate, le hemos pedido el texto de su intervención y os proponemos continuar conversando con él. Javier entrará en el blog para contestar a vuestras preguntas.

23 comentarios:

sesiplus dijo...

Javier, me diste varias ideas para escribir sobre cómo, por qué y para qué; me quedo con la profundidad, quitando significados peyorativos; me quedo con las capas de pintura una sobre otra para dar textura, y lo transfiero al cuento; y me quedo con la ausencia de narrador, que sean los propios personajes quienes narren. Como preguntas interesantes no tengo, de momento, quiero agradecer a ambos, Javier, su presencia y cercanía, y a Clara por invitarlo.
cecilia

Sebastián dijo...

Javier, todos los escritores tienen filias y fobias. ¿Cuáles serían las tuyas?

Carmen dijo...

Hola, Javier, muchas gracias por prestarte a este debate. Mira, releyendo tu texto, me queda poco claro el sentido en el que usas el término "realista". Convengamos que el realismo, como escuela, no está en absoluto alejado de los problemas de su tiempo, más bien todo lo contrario, por eso me llama la atención el uso que haces del término y me gustaría que me lo explicaras.

María dijo...

Yo tampoco creo que el cuento tolere la frivolidad...Quizás la novela la tolere más...
Escritores como Saki, que juega con la frivolidad pero es muy profundo, realmente, son lo más cercano a lo frívolo que recuerdo en un buen cuentista...

evohe dijo...

La frivolidad, entendida como fuegos de artificio, como lo explicó Javier, hace daño a la literatura en general, ya sea en la novela, en la poesía o en el relato. Pero siempre viene bien, en los tiempos que corren, que un escritor, alguien que ha ganado un premio, esta vez serio, nos lo recuerde. Hacer ese postulado crea una corriente de simpatía, de relajo, de solidaridad. ¡Con lo difícil que es escribir y lo solo que uno se encuentra al hacerlo! Eso me encantó de la charla de Javier, su honestidad, su apuesta por la profundidad. El otro día en el taller, hablando de la charla a los compañeros que se la perdieron, recordé una frase que oí por televisión una vez a Rosa Chacel, con muchísimos años (tendría alrededor de 90), su collar de perlitas al cuello, sus labios rojos pintados en forma de corazón-boquitadepiñón, como ella los llevaba. La entrevistaba, ni más ni menos que Lolita Flores, en aquel programa que llevaba con su madre la faraona. Rosa Chacel la cortó en su perorata y le dijo más o menos: uy, hija, cómo se nota que tú, de lo de escribir, no tienes ni idea. La buena literatura nunca vende. Yo, cuando necesito dinero, hago un libro para vender. Después, hago literatura. Lo recuerdo mucho y creo que viene a colación de la charla que nos dió Javier Saez de Ibarra. Por cierto, para quien no lo sepa, tuvo durante muchos años los cuentos guardados en un cajón, sin atreverse a publicarlos.

María dijo...

Hay una reflexión de Walter Benjamin, que dice que en el s.XIX junto con Baudelaire escribieron con gran éxito una serie de escritores costumbristas, que hacían retratos de la vida burguesa...de ellos no nos ha quedado nada, ni podemos recordar el nombre. Sí el de Baudelaire, que de vez en cuando debía abandonar su pensión por falta de dinero...La literatura es así..

Ginés S. Cutillas dijo...

Estoy de acuerdo con que la experiencia es un punto, pero no a todos los autores nos sirve del mismo modo. Recurriré una vez más al ejemplo de la extraña vida de Rimbaud. Dejó de escribir precisamente cuando su vida comenzaba a ser interesante. ¿Hubiera vuelto a escribir para contar sus experiencias si hubiera vivido más tiempo? Seguramente sí o seguramente no. Igual lo que tenía que decir ya lo dijo con 19 años y se centró en vivir. Paul Theroux decía: “Un hombre feliz no puede ser escritor.
Está demasiado ocupado siendo feliz.”
No todo lo que escribimos lo hemos vivido, ni remotamente. Ahí reside la magia de escribir. Que podemos recrear mundo ajenos a los nuestros. El escritor que se centra en sus vivencias (sólo en sus vivencias) podrá alumbrar un libro bueno, dos como mucho. Al tercero los temas se repetirán, aburrirán. En todas nuestras mentes estoy seguro que hay nombres de culto que sabemos que siempre hablan de lo mismo. Y así es, estoy convencido de que cada autor, de una manera u otra, está hablando siempre de lo mismo -a mi me obsesiona el tiempo por ejemplo- y en su obra siempre se destila algo de sus obsesiones.
Estoy de acuerdo que no hay nada nuevo bajo el sol. Shakespeare ya trató todos los temas con sus obras: los celos, la venganza, el amor imposible... La cuestión es pues, como lo contamos. Encontrar una forma atractiva con la que transmitir el mensaje que queremos transmitir.
En cuanto al tema de que cuando crecemos adquirimos más técnica y perdemos experiencia, no estoy de acuerdo. La experiencia la tenemos. Sólo tenemos que hacer el ejercicio de rebuscar dentro de nosotros. Así, haríamos caso a uno de los postulados del decálogo de Quiroga: “No escribas bajo el imperio de la pasión, déjalo reposar y escríbelo desde la distancia”.

Un abrazo,
Ginés S. Cutillas

evohe dijo...

¡Qué bueno, Ginés, que andes por el ciberespacio. ¿Podrás venir el 22 a la fiesta del libro de hiperbreves? Así lees uno de los tuyos, que quedó pendiente.
Carmen Peire

Clara Obligado dijo...

Hola, Ginés, es cierto, el caso de Rimbaud es particular, aunque pensar que él no había vivido lo suficiente a los 19 años... Pregúntaselo a Verlaine... De todas maneras, pienso que la poesía sí es un género temprano, posiblemente porque está más bajo el imperio de la pasión que la prosa. En cuanto al tema de la experiencia, estoy más bien de acuerdo contigo que con Javier, a mi me interesa poquísimo hablar de mi propia experiencia, la vida la vivo, y escribo, tal vez, lo que no puedo vivir, o lo que me persigue, mis "otras vidas".

Jose Manuel Romero dijo...

Yo destacaría la honestidad y la valentía. La honestidad en reconocer su falta de "erudición"(como saber completo y concienzudo) y su valentía en declarar que para escribir algo interesante, que sugiera, que plantee elementos de reflexión, que procure disfrute, que sea ameno, que emocione, basta con llegar a un punto de "refinamiento" tal y como él lo define a traves de las propias experiencias.
Me pareció excelente en su último libro, la experimentación formal, cómo salta por encima de los convencionalismos y juega a expresarse utilizando herramientas nuevas. Para mi, funciona.
Me quedó una duda: si en otras épocas los escritores han contado sus verdades y las del mundo que en ese momento les rodeaba con un estilo determinado, ¿cómo está siendo la forma de contar de nuestro tiempo? ¿hacia donde puede evolucionar?. Ppodría preguntarse también ¿por qué debería cambiar la forma de narrar si son magníficos, emocionan y enriquecen textos con siglos de antiguedad?
Gracias Javier por venir y "desnudarte" (con este frío...). Y gracias Clara por traernos a Javier y por la excelente idea de dejarnos su charla para disfrutarla una vez más y reflexionar sobre ella.
JM

J Sáez de Ibarra dijo...

Muchas gracias a todos por las preguntas y los comentarios; trato de responder brevemente a la pregunta de Carmen: si el realismo se hace cargo de los problemas de su tiempo, por que lo critico, en qué sentido hablo contra él. Valoro mucho el realismo que se hace cargo de esos problemas: Aldecoa, Carver. No me interesa el realismo cuyo modelo es el telediario: nos cuenta que pasa y no entendemos nada de lo que pasa: se nos oculta lo que sucede: miente. Llamémoslo “aparentismo” si es más claro. La falta de verdad es falta de profundidad: causas, implicaciones, matices, experiencia (de lo que pasa). Si un cuento no va más allá de eso es superficial=pobre, y artísticamente limitado. Es el cuento frívolo: no dice nada, sólo ocupa espacio y nos hace perder el poco tiempo que tenemos. No es arte. Un cuento realista, entonces, es válido para mí cuando va ás allá de la reproducción “de lo que aparece”. Valle ve el sufrimiento de los celos y la importancia del honor del varón: una idea establecida: realista, normal y lógica en su tiempo. Él lo subvierte en “Los cuernos de don Friolera”: nos hace ver lo ridículo de ese comportamiento “normalizado”. A eso me refiero. Y sobre el texto mío de “Clarín”: no podemos decir nada: “llueve”, por ejemplo, sin que toda la vida y la historia comparezcan en el texto. Ya sé que es algo exagerado lo que digo, pero es más verdad que lo contrario: decir “un hombre rico” es decir sólo eso.

J. Sáez de Ibarra dijo...

Querido Sebastián, no siento fobias, sino desacuerdos o desencuentros (estéticos, ideológicos), pero no sé si decirlos sirve de algo; mejor alguna filia. Escritores que creo que deben ser leídos: Juan José Arreola, Mercé Rodoreda, Jesús Fernández-Santos, Felisberto Hernández, Rosa Chacel, Adelaida García Morales me gustan mucho.

J. Sáez de Ibarra dijo...

Sobre los comentarios de Ginés S. Cutillas y Clara. La experiencia no se puede medir en años. Rimbaud se había fugado de casa a los quince hasrto de su pueblo. ¿Qué ha vivido un niño de la calle en Río? La experiencia son calidades, no números (¡cuántas repeticiones no nos significan nada!). Por otro lado, por “experiencia” yo entiendo no sólo lo vivido, también lo pensado, lo sentido, lo deseado, lo leído, lo que uno escucha de un amigo, la asociación de ideas a la que lleva una palabra, una pesadilla. Yo, como dice Clara, no hablo de “mí” en los cuentos; ahora bien, mi cuento “Aquiles de Sarandí”: un delincuente de un barrio latinoamericano acosado por unos sicarios: este cuento habla en el fondo del deseo de vivir y la sensación de que una red invisible nos controla. Y la desesperación de querer romperla y no poder. Yo no he estado nunca en Sarandí, ni he conocido a un delincuente ni me han buscado para matarme. Pero puedo sentir esa impotencia (hasta cierto punto), porque yo la he sentido a mi medida, porque he visto imágenes de hombres asesinados en la calle. Además he leído a Borges y conozco la fábula de Aquiles y la tortuga. Y pienso en el contraste brutal entre la fría razón del tiempo y el espacio, frente a nuestro deseo de vivir. Y el cuento nace de todo eso. Así que tenemos: mis emociones, mis lecturas, mi dolor por el dolor y la violencia que padecen los jóvenes de los suburbios latinoamericanos. No hablo “de mí”, si queréis, pero ese cuento “dice cosas de mí” (nace de mi experiencia en sentido amplio); pero también el cuento habla “del mundo” en que vivimos. Perdón, este cuentto no está en el último libro, si queréis puedo enviárselo a Clara. El cuento “Caprichos”, ¿de qué experiencia nace? Pero si uno no siente el dolor del inmigrante en la patera o en las cunetas de Almería o hacinado en un piso, entonces lo que dice es frívolo, y tratándose de estos temas, obsceno.

J. Sáez de Ibarra dijo...

Una respuesta a José Manuel Romero. Imagínate que en los museos de arte contemporáneo y en las exposiciones y galerías, todos los cuadros fueran como los de Velázquez. ¿No sería un horror? Encontrar siempre el mismo tipo de cuadro nos hastiaría y pediríamos algo diferente. En sus cuadros podemos ver la explotación, la soberbia, la inocencia, la burla, la brutalidad. Y eso sigue siendo valioso para nosotros, su autorretrato en la Meninas sigue desfiándonos: ¿yo qué soy, un esclavo de la casa real o un hombre que dice la verdad? Por eso, los cuentos realistas de Chejov o de Fernández-Santos siguen interesándonos. Porque en ellos hay verdad, experiencia, vida: persona. Y eso es lo que al final cuenta para el que lee, creo yo. Las nuevas formas de contar son una necesidad propia del arte, que quiere novedad, y también de la sensibilidad de cada tiempo que quiere-que necesita jugar a crear, y que de esas formas encuentra nuevas maneras de decir el mundo. Yo no defiendo el experimento per se, como una tabla de gimnasia; sino un probar formas que son, al mismo tiempo, búsquedas en su sentido más amplio. Cuando una forma dice la verdad, esa verdad no pasa, y siempre podemos volver a ella: sea la Iliada o el Quijote.

Clara Obligado dijo...

Javier, recuerdo un texto que cito un poco de memoria de Anthony Burguess, el autor de "La naranja mecánica", que ya explicaba, y muy bien, la diferencia entre el realismo, como escuela, con su representación de la realidad, y la prosa ramplona y pobremente periodística de muchos textos actuales. Sería imposible pensar, por ejemplo, que los realistas son superficiales, o que no nos entregan textos matizados en muchos niveles. Tal vez la confusión se produce porque estamos usando la palabra "realismo" como sinónimo de algo que yo llamaría, simplemente, "mala literatura". "Aparentismo", si bien no es mala la idea, me suena en algún punto como una visión un poco coercitiva de la escritura, o normativa, o no me explico bien... Qué difícil que es esto de debatir en tan poco espacio... Pensemos, para consolarnos,que este pequeño intercambio permitirá otros, más próximos, frente a una buena taza de café...

Isabel González dijo...

Creo que lo importante es la hondura como tema y la verosimilitud como modo de plasmar ese tema. Ahí están 'Las cosmicónicas' de Italo Calvino o muchos relatos de Ray Bradbury, ambos fantásticos pero más humanos y cargados de sentido que otros pretendidamente 'realistas'. Como dice Javier, la experiencia es fundamental para lograr esta conjunción y por supuesto, no se trata de haber vivido en Marte para hablar de Marte.
Sorbito de café.

Clara Obligado dijo...

Obvio, Homero no vivió la guerra de Troya, y mire usted qué linda le quedó la Ilíada... "Realismo" no está ligado con "realidad", además, ¿qué es la realidad? Hablamos más bien de verosimilitud. Además, hay tantos "realismos" en literatura (real maravilloso, realismo mágico, realismo sucio, etc.) que habría que precisar mucho los términos. Esto es justamente lo que le comentaba a Javier.

Juan Casamayor dijo...

Queridos,

gracias Clara por invitar a Javier a tu taller y por inventar un blog como éste. Da gusto con todas las participaciones.

Mañana microrrelatos y turrón.

Abrazos

Juan

Ginés S. Cutillas dijo...

Carmen, un gustazo saludarte por aquí.
Javier, por supuesto que la experiencia no es sólo vivir, es leer, ver películas, hablar con la gente, reflexionar sobre ello...
Ahí estoy totalmente de acuerdo contigo.
Juan Casamayor, me muero de ganas de estar ahí con vosotros mañana. Pasadlo bien y cuidado con el turrón, no pilléis un atracón.
Clara, ánimo con el blog. Es una maravilla.

Felices fiestas a todos.
Ginés

Clara Obligado dijo...

Gracias, Ginés, espero contar con tu presencia y tu ánimo para discutir en este espacio. Realmente, creo que todos necesitamos medios de expresión donde podamos debatir amistosamente creando vínculos y generando ideas. Hoy lo hemos pasado muy bien, pero te echamos de menos. Otras fiestas habrá, querido amigo, para celebrar la literatura, espero que también en Barcelona.

Clara Obligado dijo...

Javier, a mi me gustaría hacerte una pregunta que hacemos a todos los escritores que pasan por el taller: ¿cómo te sentiste con nosotros?

Javier Saez de Ibarra dijo...

Querida Clara,
El rato de encuentro contigo y los miembros del taller ha sido una experiencia agradable y estimulante. Me sentí muy cómodo entre todos, escuchado con atención (lo que para cualquier docente es siempre una agradable sorpresa), y pude comprobar la reflexión aguda de muchos de ellos. También los elogios sirven, sin duda; anima a seguir escribiendo el saber que otro aprecia lo que uno hace, que le sirve; espolea la generosidad y le da a uno un plus de exigencia si cabe. (Aunque a lo mejor luego se desbarranque por la presión!). Además, poder continuar la conversación en el blog es extraordinario. A mí me ayuda a perfilar más lo que pienso, a repensar las cosas, matizarlas o corregirlas llegado el caso. Para eso es el diálgo, en el que yo creo. Pero quizá lo que más me alegra es que lo que haya dicho se convierta en sugerencia para otros, que estimule su creatividad y sus ganas de escribir. Si una técnica que propongo sirve para continuar creando, es lo mejor que puede pasar; a fin de cuentas formamos parte de una cadena de personas que se van pasando y trasmitiendo los textos y los comentarios unos a otros, y eso nos mantiene vivos como escirtores. Conque a inventar, a buscar, a leer, a pelear! Salud, amor, paz y literatura para todos en el año que empezamos ya. Todo mi afecto y mi gratitud para el grupo (y también para los que no estuvieron pero se asoman por la red).
Un abrazo múltiple (polisémico), Javier.

Zsole dijo...

Me gusta la sencillez de Javier, esa sencillez que poco a poco (o capa por capa) va desvelando el genio creativo que lleva dentro. Gracias Clara y Javier por la charla.