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19.8.09

Sobre el amor

Ilustracion de Max Cachimba ¿Hizo bien Francesca al permanecer junto a su esposo o hubiera sido mejor que se bajara del coche para seguir camino con su amante? Siempre me inquietó la incógnita que dibuja la película "Los puentes de Madison", basada en la novela de Robert James Waller y dirigida por Clint Eastwod. El cuento que publiqué en el periódico Público juega con esta idea. Os invito a comentarlo y a conversar sobre un tema persistente en la literatura y en el cine: el del amor romántico.




Madison, los puentes de. Clara Obligado

En lugar de seguir con su marido, como cuenta la película, en ese instante tenso bajo la lluvia, detenida ante el semáforo, la mujer baja del coche familiar y se sube al de su amante. No da explicaciones, ni tiene tiempo de dejar una carta. Tampoco puede despedirse de sus hijos, pero todo el mundo sabe lo que es la fuerza de la pasión. En la platea, los espectadores lanzan un suspiro de alivio, les gusta el nuevo final de Los puentes de Madison y, con su dosis de romanticismo intacta, salen del cine.

Más allá de las cámaras, sentada en el asiento del copiloto, la mujer comienza el viaje. Conoce a su amante desde hace días, pero son suficientes para desear una vida juntos, ha sabido despertar en ella el eco de una juventud aletargada. No se trata de una mujer cualquiera. Hace años, empujada por este fuego incontenible, dejó Italia y siguió a un soldado para casarse con él. Era un héroe norteamericano, y ella, sin dilación, aceptó ser la esposa de un hombre bueno y acompañarlo a una granja en los EEUU, donde le nacieron dos hijos.

Vuelve la cabeza y observa cómo ese soldado, que ahora es un granjero, se pierde en la distancia. Se siente culpable, pero no demasiado, ¿quién habría podido resistirse al llamado de la pasión? El amante apoya la mano en su rodilla. Como no llevan maletas, antes de coger el avión en Nueva York él le regala ropa para el viaje. La mujer siente que ha cambiado de piel y ahora es otra: más joven, más elegante, más ágil. Mientras conoce la ciudad él hace entrevistas, visita bibliotecas, le hace conocer en dos días más gente que la que le ha presentado su marido en años de convivencia. Se siente satisfecha de haberse unido a un fotógrafo de fama internacional. Es la amante de un artista, de un bohemio y, cuando él la abraza en la habitación del hotel en Tanzania, ella flota. Dormir velada por el tul del mosquitero, despertarse con el rugir del león, ser una hembra ansiosa que espera la brama, asomarse a la tienda para descubrir amaneceres como brasas, vadear ríos que revientan en cascadas, cobijarse de tormentas pavorosas, repasar las imágenes de las fotografías una y otra vez, hasta encontrar el mejor encuadre, preparar con manjares desconocidos una cena para dos, viajar sin dirección fija. Al cabo de un tiempo ha visto 20 países, cientos de atardeceres, miles de caras. En los raros momentos de descanso, en algún hotel perdido, escribe a sus hijos. No recibe respuesta y lo achaca a los constantes cambios de domicilio. Esto la hace sufrir y su amante le recomienda que no piense en ello.



Escena de Los puentes de Madison

Una mañana se despierta con una corazonada. Están ahora en el norte de Rusia, entrevistando a un pastor de renos que ha descubierto, entre la nieve eterna, el cuerpo de un mamut. Es una cría, y permanece, en su estado de congelación, en la misma postura en la que se topó con la muerte. Está plegado sobre sí mismo, como si fuera un niño con miedo. Ella vuelve al hotel enferma, siente que en lugar del antiguo animal se ha topado con su propio dolor. Es una sensación helada que la hace encerrarse en el baño y vomitar, parece que tuviera que arrancarse de las entrañas cubitos de hielo. Por la tarde, aprovechando que su amante no está, pide una comunicación con su antigua casa y, mientras el teléfono suena, lo imagina sobre la mesa de siempre con su carpeta de ganchillo, junto a los sillones de flores, la chimenea encendida y los visillos abiertos. Lo imagina en esa vida donde nada cambia. Desea, cómo desea, hablar con sus hijos. Desea también conversar con su marido, preguntarle cómo está. Pero nadie lo coge. Esa noche duerme mal.

Como el hielo bajo el que se ocultaba el animal, algo se ha quebrado dentro del corazón de la mujer. Ya no le gustan tanto los viajes y se siente sola cuando su amante, a veces durante semanas, tiene que dejarla en el hotel ordenando fotografías, repasando su contabilidad, organizando las entrevistas. Hace tiempo que es además su secretaria, todos admiran la inteligencia de esta unión apasionada. "¡Qué romántico!", exclaman, cuando él cuenta en público su historia, y la miran como si fuera una heroína, alguien capaz de sacrificarlo todo.

Un día él le comunica que tiene que hacer un reportaje en Roma. La mujer se conmueve. Piensa ahora que puede volver a casa de su madre, que podrá hablar con alguien de su pasado. Está nerviosa durante todo el viaje que, a causa de los compromisos de él, dura varias semanas.

Aprovecha que él tiene una reunión importante para tomar un autobús hasta su pueblo. Todo ha cambiado, donde la guerra había sembrado destrucción hay ahora villas hermosas, campos de vides, aire de riqueza. Casi no la reconoce su madre, pero se abrazan hasta hacerse daño. "Cómo has cambiado", le dice. "Estás muy guapa", le dice también. Prefiere no responder, su madre es ahora una anciana. Luego, cuando por fin se calman, la invita a entrar en casa, se sientan frente a frente, se cogen las manos y se miran sin saber qué decirse. Por fin la madre suelta. "Hija, lo siento mucho". Ella se sorprende y le pregunta por qué. "Por lo de tu esposo, dice. Era un buen hombre". Así se entera de que es viuda, aunque su madre no sabe qué tipo de enfermedad fue la que terminó con esa vida. Le cuenta, sí, que los hijos escriben a su abuela muy de tanto en tanto y que parece que están bien. Le muestra una foto. De pronto la mujer siente que su vida, su vida verdadera, está desplegada sobre esa mesa, en esa casa que dejó hace siglos para seguir a un hombre. Piensa qué hubiera pasado con ella si hubiera elegido un marido del pueblo, si se hubiera afincado allí. Piensa también en esos hijos que le parecen extraños. No dice nada de lo que siente y regresa a tiempo al hotel para que su amante no le pregunte dónde ha estado.

Aunque se quedan varios meses en Roma, no vuelve a visitar a su madre. Ha adelgazado y le sienta bien, cada vez asiste a recepciones más lujosas y la fama de su amante la precede. Él es ya un hombre casi viejo, ella una mujer casi joven. Los separan 15 años que ahora se notan. No obstante, el cuerpo de él sigue despertándole ternura, aunque no sería reticente con alguien más joven. Tiene alguna oportunidad y la aprovecha, pero sale de la aventura sintiéndose mal. "En realidad, piensa, ese muchacho debe de tener la edad de mi hijo".

A veces recuerda los abrazos del amante bajo los puentes de Madison. Otras, la cría de mamut. Un día recibe una carta, es de sus hijos. "Querida mamá, le dicen, ya somos mayores, nos gustaría verte. No te guardamos rencor, sólo queremos hablarte de nuestro padre. Mi hermano y yo nos preguntamos cómo, en un hombre tan sencillo, podía caber tanta pasión. Tú, que lo conociste bien, podrás darnos una respuesta. Te dejó un sobre, que te enviamos". La mujer despliega el papel donde navega una sola frase: "te querré hasta la muerte", dice. A partir de entonces sueña con él. A veces se pregunta si ha acertado al bajarse del coche en aquella mañana lluviosa. Cuando el dilema la punza trata de espantarlo, como si fuera una mosca.

45 comentarios:

Anónimo dijo...

me encanto el cuento!! que bueno, coincido con vos, en que ese hubiera sido el otro final de la pelicula,
demostras la manera en que uno puede dar vuelta una realidad adversa (el final de la pelicula real) mediante el ejercicio de la literatura (donde todo absolutamente todo puede pasar!!) pero que al final el director de la pelicula tenia razon...como que la realidad no se puede torcer por mas artilugios artisticos que se utilicen
al fin y al cabo demostras tambien que en cuanto al amor, los "imposibles" son mucho mas atractivos, como lo es el imaginar "que hubiera pasado si...", lo que hubiera pasado, segun tu cuento, es eso, que ahora el marido era el "imposible" y ella añora esa vida perdida...

lucia t dijo...

el fotografo es viejo...ella se aburre...el marido es un heroe perdido, los hijos son unas maravillas que esperan y comprenden...y todo eso se lo pierde la protagonista! c omo en el cine lo pierde al fotografo...

julieta dijo...

O sea, que siempre se pierde algo, ¿o es que lo romántico se basa en la pérdida? Lo que dice el cuento es que todo lo que se consigue termina aburriendo o cansando un poco...

María dijo...

A mi me parece que la versiòn pasional es màs "de occidente", por cada 10 textos sobre el amor imposible, difìcil, fracasado o terminado aparece uno sobre el amor feliz. ¿Alguien puede mandarme títulos de cuentos o novelas que narren la felicidad en la pareja? Propongo una bibliografía interesante: "El amor y Ocidente" de Denis de Rougemont. Ed Sur, Buenos Aires,1959. El texto origilal es de Librairie Plon, Parìs 1939.
El autor sostiene que el hecho de que aparezcan más romances frustrados que felices viene desde Tristàn e Isolda, y que los que hablan del amor logrado en la pareja son los orientales. Es un tema muy interesante, la verdad...

Clara Obligado dijo...

Se me ocurren dos ejemplos. Uno es "El beso", de Chejov, donde el amor romántico alimenta una vida... pero en la imaginación. El no ser real (o no ser cotidiano) es el precio que el personaje paga por arder en ese sentimiento. Y otro ejemplo es un cuento que acabo de leer, de Alice Munro, "Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio". Es un cuento de amor feliz, aunque la idea de Munro sobre la felicidad en el amor y cómo se llega a ella no deja de ser curiosa. En todo caso,no es nada "romántica", en el estilo de los Puentes de Madison...

Ani Shua dijo...

¡Clara, qué emoción y qué dolor! Tu cuento me gustó muchísimo. Mientras lo leí, me olvidé que lo habías escrito vos, me olvidé que alguien lo había escrito. Sólo quería saber qué le había pasado a esa mujer. ¡Y eso que no vi los Puentes de Madison! Así que no hay salida. No importa lo que hagamos, siempre vamos a lamentar lo que no hicimos. Eso es más que ser mujer: es ser humano.
En el largo plazo el romanticismo no funciona, no alcanza. Está bien para un rato, es perfecto en los amores truncos. Sobre ese tema hay un cuento de Maupassant maravilloso que se llama "Una Pasión"
Seguro que el pobre fotógrafo tampoco se sentía tan feliz. Tristeza nao tein fim. Pero ves? Estoy hablando de los personajes como si fueran gente. Prueba de la calidad del cuento.

Ani Shua dijo...

¡Clara, qué emoción y qué dolor! Tu cuento me gustó muchísimo. Mientras lo leí, me olvidé que lo habías escrito vos, me olvidé que alguien lo había escrito. Sólo quería saber qué le había pasado a esa mujer. ¡Y eso que no vi los Puentes de Madison! Así que no hay salida. No importa lo que hagamos, siempre vamos a lamentar lo que no hicimos. Eso es más que ser mujer: es ser humano.
En el largo plazo el romanticismo no funciona, no alcanza. Está bien para un rato, es perfecto en los amores truncos. Sobre ese tema hay un cuento de Maupassant maravilloso que se llama "Una Pasión"
Seguro que el pobre fotógrafo tampoco se sentía tan feliz. Tristeza nao tein fim. Pero ves? Estoy hablando de los personajes como si fueran gente. Prueba de la calidad del cuento.

Raul Brasca dijo...

Clara, es un cuento hermoso y muy bueno esde todo punto de vista. Tiene una estructura ceñida y un muy hondo conocimiento del personaje que se cuenta. Me gustó muchísimo. Y no tengo nada que discutir sobre hombres y mujeres (como me propones), nosotros somos buenísimos y sensatos; ustedes buenísimas y volubles, soñadoras, imposibles de conformar permanentemente porque idealizan todo y fatalmente terminan decepcionándose de uno. Ah, además pretenden que nosotros las adivinemos. Por lo menos, es lo que pasa en el amor romántico. Reconozco que las chicas de hoy han mitigado un poco esas tendencias. Felicitaciones por el cuento.

patro dijo...

Es un cuento lleno de fuerza, Clara, me gusta la imagen de la cría de mamut, a veces algo del mundo real, con lo que nos topamos de pronto y por pura casualidad, nos devuelve una imagen exacta de quiénes somos, de las partes que duelen como si estuvieran congeladas y alguien les aplicara bruscamente calor.
Un abrazo, Patro.

Manuel dijo...

Aunque ya te dije, Clarita, que los sentimientos del final no se espantan como una mosca, y tú me contestaste que sí, por persistencia e incomodidad, insisto en que Meryl está ya cansada de Clint y muy jodida porque no conoce a los nietos y no sabe cómo comunicárselo a los hijos, cansada ya de preparar las maletas para el siguiente viaje con el fotógrafo de las narices. Ella, por edad, ya sabía que estaba eligiendo pasión frente a rutina y aburrimiento, aliados en la lucha, sempiterna también, contra la soledad. Meryl está psicológicamente más débil en el final de tu cuento de lo que te piensas, querida, así que el sentimiento lo espantó como si fuese una apisonadora..., y tuvo dificultades para conseguirlo.

Clara dijo...

Bienvenido, Manuel, a la tertulia. En esta historia yo estoy del lado del marido, que al final de la película, y también del cuento, demuestra que también él, con su carga de rutina, es capaz de sentir pasión. Y que la rutina compartida es tal vez, también, una forma de la pasión. A mi me gusta ese hombre bueno, como me gustan en general todos los hombres buenos, me parece que bondad e inteligencia son dos cosas que siempre van juntas. ¿Y cómo vas a espantar un sentimiento con una apisonadora? Aplastarlo, dirás...

Isabel González dijo...

¡Cuántas veces he rememorado esta escena, Clara! Me parece muy valiente armar un cuento con el otro final que todos hemos imaginado. Y me encantó. Me encanta el mamut y me encanta la mosca. Son los dos animales principales y por lo tanto han de estar relacionados. El mamut es el gran dolor que sobreviene cuando el marido está todavía vivo y ella puede dar marcha atrás. Ese dolor es gigante y no puede espantarse. La mosca acude al cadáver del mamut descongelado cuando todo el dolor ha salido a la luz. El granjero ha muerto y ella ya no puede dar marcha atrás. Sus hijos son mayores. El dolor es más 'punzante' pero más llevadero y puede espantarlo, ya lo creo que sí, como una mosca.
El cuento de amor logrado más hermoso que he leído últimamente es un micro de Shua que se llama 'El circo de mis sueños'. Otra historia de amor logrado a pesar de las dificultades es la que aparece en la novela 'El hombre del traje gris' de Sloan Wilson.
A mí también me gustan los hombres buenos, pero sin peto vaquero por favor.

Clara dijo...

Isabel, si te apetece, y aprovechando que es una minificción, podrías copiar para nosotros el cuento de Ani Shua, así ampliamos el debate... Gracias por tus comentarios y espero leer pronto algo tuyo...

Isabel González dijo...

Aquí va el cuento de Ani Shua:

EL CIRCO DE MIS SUEÑOS
No hay payasos borrachos ni ecuyeres, no está el domador ni los sumisos tigres, no hay gitano con oso bailarín, no hay tirador de cuchillos con 'partenaire' puro coraje, no hay acróbatas, ni trapecistas, ni vendedores de golosinas, ni malabaristas, no están los enanos, no hay carpa, ni banderines, ni delicados elefantes, ni mago de veloces dedos. Pero estamos vos y yo. Y nos aplauden.

¿No es una maravilla?

P.D: Ojalá, Clara.

carola dijo...

Y me pregunto: ¿Tampoco a su amante puede revelarle la necesidad de contactar con su vida pasada, sus hijos, su famila..? AAgg, me digo, algo hay ahí que esta autora endiablada no nos quiere contar... Porque es obvio que, si bien en este relato la sociedad no parece castigar a nuestra prota "adúltera", ella tiene que bajarse de coches casi en marcha, ocultar su rastro, sus emociones al amante, a los hijos, a la madre, incluso a sí misma... Este relato es un fantástico mapa biográfico-emocional de una mujer que tiene que mantener en secreto su ansia por vivir plenamente. Y lo logra. Sin embargo, hay algo muy duro que no cesa de golpear a esta humilde lectora: un gusto amargo, triste... ¿Por qué me recuerda tanto a Ana Karenina? Es, creo, sospecho, el dolor que produce la clandestinidad. Aún hoy, para las mujeres, la libertad tiene un precio demasiado alto.

Clara dijo...

Si lo pensamos desde ese ángulo el cuento dice que no hay que subirse a coches que otros conducen porque te llevan hacia donde ellos quieren, o en la dirección en la que avanzaban, que puede no ser la propia. En realidad la protagonista, en los dos casos, se enamora de propuestas ajenas, para mi ese es el error, o la tragedia. Me gusta mucho la imagen de la película, que es la que todos recordamos, y que señala la necesidad de bajarse de un coche para subirse a otro. Ninguno de los dos lo conduce ella... Sí, un poco Karenina la cosa, me gusta mucho la idea, la tragedia de poner la vida propia vida en manos de otro...

Rafael dijo...

Hola:
Sólo vi la pelicula y me encantó.En cuanto a las cosas que decis aqui, me gustaria manifestar mi opinion,y es que como alguien dice, todo lo que se consigue, muere. Vamos, que no estamos contentos con lo que tenemos y parece ser que la aventura es lo que nos motiva.Porque nacemos libres, pero luego nos encantan las cadenas- la novia, el perro, la hipoteca, ser madre -y a todo esto nos atamos de por vida. Me pregunto si no seria mejor que mandasemos a freir esparragos la idea de la casa confortable y el cochecito, y nos convirtieramos en una especie de Crusoes, y asi corretear libres y desnudos...que os parece?
El cuento me gustó. Felicidades.
Un saludo a todos.
Rafael Prieto Q.

carola dijo...

Es el negativo de Ana Karenina: el deprecio y el castigo que recibe Ana versus la indiferencia total aparente o "Laisser faire" gélido como la cría de mamut. Nadie le echa nada en cara pero está aislada realmente del mundo emocional de los demás... es como una agresividad pasiva, un ser políticamente correcto... sin embargo esta mujer respira un dolor muy hondo, que si bien no llega al extremo de la deseperación y muerte voluntaria de Ana, roza ese campo emocional. En fin, sí, son los projectos de otros a los que se une, se baja de coches que ella no conduce... pero tiene las narices de bajarse, la fuerza de cambiar su propio rumbo, aunque la historia se repita con un amante al que ha de ocultar sus inquietudes intimas.. En fin, gran cuento.

Clara dijo...

Gracias por tus comentarios, Rafael, y bienvenido. Sí, es cierto, lo que se consigue, cansa. Hay una imagen de Malraux en "La condición humana", una novela que ya muy pocos leen, que te puede gustar. Dice que la vida es como una manzana que cae por una pendiente. La condición humana es correr tras ella, sabiendo que nunca la vamos a alcanzar. También nos cansaríamos de nuestro estado salvaje, según esto, de andar desnudos y de alimentarnos con frutos del bosque. Aunque es cierto que la disconformidad también nos mueve, nos hace buscar.

Clara dijo...

sí, Carola, el cuento tiene algo de tragedia griega. Cometido el error (vivir la vida de otro), no queda más que el castigo. Hay libertad para optar, en el cuento señala también la posibilidad de haberse quedado en Italia, por ejemplo, sin seguir a nadie, ¿por qué no?
Claro que ese castigo que se desencadena es interior, no como en la tragedia, pero el personaje no puede escapar de él, la diosa Até está suelta... O sea, llegado un momento, toda jugada es mala. Pero no es un cuento ético, no pretende enseñar nada, simplemente muestra algo, un estupor.

Pies descalzos y Arena en los bolsillos dijo...

A menudo idealizamos el amor. Con el tiempo observamos a nuestro alrededor y cuando descubrimos que hemos caido en la monotonía en vez de intentarlo y de recuperar la magia acabamos por lanzar nuestras alas rumbo a lo desconocido.

Con esta historia nos pasa lo mismo. Francesca abandona su tierra en pos de un hombre al que ama, se establece y con el tiempo que te dan los años, su matrimonio cae en la monotonía.
En el momento adecuado, en ese instante en el que se piensa que cualquier acontecimiento tiene que pasar porque está escrito de antemano, aparece un desconocido que trae nuevos aires, un hombre capaz de alejarla de la rutina en la que convertido su vida.

Cuando llega el momento decide respirar esa brisa fresca, sin explicaciones, sin excusas; sólo toma ése nuevo rumbo, tal vez con la misma intensidad que cuando decidió irse con el soldado, con su futuro marido.

¿qué si se arrepiente? de nada sirve porque ya no puede dar marcha atrás, no puede recuperar lo que tenía pues el héroe ha fallecido diciendola que la querrá hasta la muerte, como así ha sido.

En mi opinión todos, alguna vez en la vida, nos encontramos con la tesitura de lanzarnos a un precipio pensando que nuestras alas remontarán el vuelo. Francesca lo tenía todo pero en ese momento de su vida no era suficiente y sólo se da cuenta cuando ya no le queda nada. No todas las decisiones son acertadas y por supuesto no con todas puedes dar marcha atrás. Ella tenía a un hombre bueno que la amaba, pero no se conformó sólo con él...

En fin Clara, me encanta tu indicación a descubrir el blog del taller...

Nos vemos pronto en clase, Anabel.

Clara dijo...

Bienvenida al blog, Anabel, espero que estés por aquí muchas veces para conversar de literatura... Y sí, la tuya es una lectura interesante del cuento... ¿Tenemos que valorar lo que tenemos y no ir más allá?

Pies descalzos y Arena en los bolsillos dijo...

Clara,

Si, tenemos que valorar lo que tenemos y considerar la posibilidad de equivocarnos al tomar la decisión de ir más allá. ¿Y si nuestro inconformismo sólo es cuestión de una rutina pasajera? ¿Y si en realidad lo nuevo al final resulta que es también pasajero? Bien cierto es que nunca hay que optar por resignarnos con lo que tenemos si la visión del futuro se aprecia fascinante. La resignación no conduce a ningún sitio, sólo a más rutina.

Francesca debería tomar las riendas de su vida y no ser conducida por nadie a un futuro incierto, si bien es cierto que ella demuestra decisión al bajarse de un coche sólo es para ser conducida en otro y por otro. Al final se demuestra que ella en su andadura por su nuevo futuro, camina a veces mirando hacia atrás y es que lo que dejó, era sólo rutina, rutina y amor. Y esos pasos la han llevado demasiado lejos, tanto que ya no puede desandar lo andado.

Besos Clara,
Anabel.

evohe dijo...

A mí, que los puentes de Madison siempre me pareció un poco ñoña y la peor de las pelis dirigidas por el grandísimo Clint Eastwood, capaz de azotar con saña en la esencia de la sociedad,(no he leído el libro), me gusta mucho la versión Clara, aunque en mi visión ella no viviera la vida de él, sino su propia vida con la pasión, quizá hasta la destrucción... en fin, otro modelo, más salvaje. Por lo demás, referente a tu final, Clara,creo que todos, especialmente las mujeres, nos arrepentimos en la vida de lo que no nos atrevimos a hacer, no de lo que hicimos mal...
Carmen Peire

Hipólito dijo...

Estoy con Carmen Peire, Clara. Esa película siempre me pareció también un poco ñoña. Me gusta mucho más tu cuento, sobre todo por el regreso a Italia. Regresar no tanto a esa granja americana sino a un tiempo todavía anterior. A mí me encanta fantasear con los caminos no tomados, con mis otras vidas no vividas. A todos nos pasa, ¿no? Pero también me gusta conducir mi propio coche, eso sí. Qué buenísima observación la tuya, chiquilla...
Poli

Clara dijo...

Poli y Carmen, he de reconocer que a mi las películas y las novelas románticas me encantan porque pienso que el amor no es un tema menor. Normalmente respetamos más temas del acerbo de lo masculino, como el valor, la lucha, la venganza, la conquista. Incluso el fracaso, gran tema literario. ¿Por qué el amor no? ¿Por qué se lo considera "cursi"? A mi no me parece una película ñoña, el final si lo es, un bodrio, y los hijos, no sé. Pero la historia en sí me encanta, creo que es un universal, eso de tener que elegir... Y las otras vidas, claro, las otras vidas posibles...

evohe dijo...

Querida Clara: permíteme disentir y aclarar cosas que estás uniendo y que creo, no he dicho y creo que Poli tampoco. ¿Es el amor un tema menor? en absoluto. Las historias de amor son universales, pero pueden ser tratadas desde la ñoñez, desde un punto de visto ñoño. Hay películas y novelas románticas que no son ñoñas ni cursis. Pongo un ejemplo: ¿es madame Bovary una rnovela romántica? Sí. ¿Es ñoña? ¡¡En absoluto!! El amor como tema universal se puede tratar desde diferentes puntos de vista. Me viene a la cabeza una novelita de Elisabeth Von Arnim, que he recomendado, Sr. Skeffington. Trata una historia de amor, de una mujer que no soporta que su marido le haya puesto los cuernos y se separa de él. Intenta llevar una vida alocada, todo esto en la Europa de entreguerras, donde la frivolidad en la forma de vida se da la mano con la ascensión del nazismo. Es una historia de amor,al final ella regresa con el marido, está llena de ironía y el final hiela la sangre.
Alice Munro, último descubrimiento, escribe historias de amor y desamor. ¿Es ñoña? ¡¡Para nada!!
Una vez aclarado todo esto, me reafirmo en lo dicho: los puentes de Madison siempre me pareció un poco ñoña, ¡qué se le va a hacer!. Prefiero quedarme con Million Dolar Baby, del mismo director, historia de amor y canto a la amistad, donde una mujer, sola, despreciada por su familia, con un trabajo de mierda, decide redimirse con el arte del boxeo (metáfora, lease aquí literatura, pintura, música) Al principio se lo niegan, porque es ya mayor para eso y si hubiera tenido talento se hubiera descubierto antes (seguimos con la metáfora), pero ella, erre que erre hasta conseguirlo. Al final gana y pierde, por las pérfidas artes de una contrincante. muere ayudada por Eastwood que la desconecta. Entre medias, en la peli, puyazos contra la iglesia, la hipocresía familiar,social...soy mas de ese estilo.
Besitos y hasta otra
Carmen Peire

Clara dijo...

chica dura, Carmen, chica dura. Lo que pasa es que a mi siempre me han gustado las historias de princesas, los libros de la Condesa de Segur, los zapatos con brillo y la ropa de seda. Por suerte, se me nota poco...

evohe dijo...

Pueda ser, Clara, pero tu cuento no es ñoño, es mucho mejor, expresé mi claro favoritismo por él ¿o no te habías dado cuenta? O sea, que te gusta el fru fru, pero menos...
Carmencita Peire

evohe dijo...

Pueda ser, Clara, pero tu cuento no es ñoño, es mucho mejor, expresé mi claro favoritismo por él ¿o no te habías dado cuenta? O sea, que te gusta el fru fru, pero menos de lo que dices...
Carmencita Peire

Anónimo dijo...

Clara un placer comentarte. Tu cuento delicioso, el porqué no lo sé, pero desde el momento que cambiastes el final sabía que sería un final triste igual que lo fue el primero. ¿Debemos deducir que estamos abocados a desilusionarnos? ¿Qué entendemos por realización/felicidad?.
Un beso aunque ya no te disfrute de cerca.
ROSA.

Clara Obligado dijo...

Rosa, gracias por tu comentario. No sé qué debemos deducir del cuento, en todo caso la pobre Francesca no sabe elegir demasiado bien, o posicionarse bien. O tal vez, como dice Doris Lessing, no estamos en el mundo para ser felices, la felicidad es un estado pasajero que hay que disfrutar cuando está...

María Sainz dijo...

Hola Clara, acabo de descubrir el blog.
No se si leerás este comentario que ya parece que trata de un tema antiguo.
Tanto Los puentes de Madison como tu final me sugieren algo: cuando tomas una decisión siempre pierdes la otra posibilidad.
Entonces viene otra decisión: vivir plenamente la opción que has elegido o pasar el tiempo pensando cómo sería si te hubieras encaminado en la otra dirección.
Me parece que Francesca toma la segunda decisión en ambos finales.
Creo que esta es una lección de vida.
Un beso

Clara dijo...

Gracias, María, por apuntarte al blog. Y sí, tienes razón, aunque bien es cierto que la pobre Francesca lo tiene difícil. El cuento reflexiona sobre la pasión, que es un tema que tiene múltiples miradas, y en particular sobre la pasión femenina. La verdad es que nos podríamos pasar horas dándole vueltas al tema, a mi me resulta muy interesante...

amiga de yolanda y alberto dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
cecilia dijo...
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cecilia dijo...

Me gusta mucho la peli, pese a que algunos la traten de ñoña. Yo no lo creo, es tierna, real y toca "la fibra". La mayoría nos quedamos con ganas de que se suba a ese coche, como tú escribes. Me encanta tu cuento, además de estar muy bien narrado, desarrolla esa fantasía que tenemos de lo que hubiera podido ser. Me recuerda a "Las otras vidas", de Clara Obligado. Creo que está en todos ese "qué hubiera pasado si..." y ahí radica el interés de tu cuento, para mi. En realidad, el inconformismo ¿no?

Clara dijo...

Gracias, Cecilia, qué bien tenerte por aquí. Sí, el inconformismo, o ese bendito "nada es perfecto" que siempre nos persigue, el famoso "¿qué hubiera pasado si...?" Es cierto, yo dediqué todo mi libro de cuentos a este tema y no es raro, porque como soy extranjera clausuré toda una etapa de mi vida para elegir otra, es una sensación que me acompaña siempre. Qué cosa, el ser humano, ¿no?

María dijo...

Hola Cecilia: "què hubiera pasado si..."Borges trabaja en "El jardìn de senderos que se bifurcan", que todo de alguna manera pasa...en un nivel u otro...èl imagina una historia donde suceden los contrarios....fantàstica, claro.

terelusi dijo...

¡Hola Clara! finalmente acepte tu sugerencia...Te repito mi pensamiento ¡cuantos habremos lagrimeado al final de la peli, cuando ella no se va con el!
Mas alla de pensar si era o no lo correcto...¡solo porque no parecia, en ese momento haber triunfado ese amor-pasion! Pero es el eterno dilema de muchas mujeres,(por lo menos de las de mi generacion de 50 y tantos)entre lo que deberiamos hacer y lo que quisieramos hacer...En la peli, Francesca se anima a vivir ese momento, algo distinto en su rutinaria vida, y que seguro atesorara para siempre...
Y por otro lado,tu cuento, donde triunfa ese amor...Tiene la vida que siempre soño,una vida de aventuras, pero... nos deja (por lo menos a mi ) un sabor amargo al final; a pesar de haber seguido los deseos de su corazon,no parece completamente feliz.
Que se yo,creo que en estas cuestiones romanticas,las mujeres somos dificiles de conformar...y un poco... ¿indecisas? Cariños

Manuel dijo...

Vaya temporadita que me estais dando. Llevo todo el verano con el destornillador ajustando el mando interior de la puerta del coche. Aflojando cuando se acerca la que podría ser mi amante...., apretando cuando está dentro mi mujer por si algún sospechoso se pone delante...´,jolines..., y siempre con la sensación de que no está bien la pastelera palanca.

Anónimo dijo...

Hola, Teresa, bienvenida. Se me ocurre, al hilo de tu comentario, pensar en esa frase de Doris Lessing que dice que la felicidad no es un estado del ser humano, sino un instante. En todo caso, esperar toda la felicidad de una pareja no parece ser demasiado razonable, ¿no?

Clara dijo...

Hola, Manuel, me encanta tu comentario. Es que los que sois parte de la nueva masculinidad estáis un poco confusos, ¿no? Claro que es la actitud más valiente, la de reconocerse perdido. Cuando decidas qué hacer con esa puerta me lo cuentas, me muero de intriga.

Anónimo dijo...

Clara, es un cuento interesante y perfecto. De lo que se trata, entonces, es de guardar siempre una ilusión, estar siempre en otro sitio. Mantener un deseo insatisfecho. Es lo que se dice del deseo femenino. Pero, ¿porqué no se le ocurre a la buena mujer estudiar una carrera o matricularse en un taller de escritura? ¡Ay!, esa manía de delegar nuestra felicidad en los hombres.

Clara Obligado dijo...

sí, es un pésimo negocio. En todo caso, siempre lo es delegar la felicidad en algo que no dependa de nosotros mismos...